TÉCNICAS DE APOYO NARRATIVO
1. Preguntas abiertas. Son aquellas que no pueden contestarse solamente con
una o dos palabras a diferencia de las preguntas cerradas, por ej. ¿Qué te
preocupa al ver estos análisis? o ¿cómo afecta el tabaco a tu vida? Este tipo
de preguntas permiten y animan al paciente a explicarse aumentando así su
percepción del problema. Una persona cuando habla elabora información y
emociones asociadas a lo que va diciendo. Una buena manera de comenzar una EM
es con una pregunta abierta del tipo ¿... qué aspectos de tu salud te preocupan
más?
2. Escucha reflexiva. Es una de las habilidades fundamentales de la EM. Se
trata de averiguar lo que intenta decir el paciente y devolvérselo por medio de
afirmaciones, que son frases sin interrogación final. Estas afirmaciones pueden
ser de cinco tipos:
- Repetición de alguna palabra dicha por el paciente y que nos parece
importante.
- Refraseo. Es como lo anterior pero cambiando alguna palabra por sinónimos
o alterando ligeramente lo dicho para clarificarlo.
- Parafraseo. Aquí se refleja lo dicho con nuevas palabras porque el
profesional intuye el significado de lo hablado por el paciente.
- Señalamiento emocional. Es la forma más profunda de reflexión y consiste
en decir frases que muestran sentimientos o emociones: "Te veo un poco
triste", "parece que esto que hablamos te emociona".
- Silencios. Utilizados de forma adecuada tienen un potente efecto reflexivo
en el paciente porque de forma no verbal le estamos indicando que le entendemos
y aceptamos. Permiten, también, un tiempo imprescindible de autoobservación
acerca de lo que acaba de decir y sentir.
Con la escucha reflexiva se trata de intentar comprender y deducir lo que el
paciente quiere decir con exactitud.
3. Reestructuración positiva. Significa afirmar y apoyar al paciente,
destacar sus aspectos positivos y apoyar lo dicho por él mediante comentarios y
frases de comprensión. Sirve para rehabilitar su autoestima y el sentido de
autoconfianza ( "Debe ser difícil para ti mantenerte sin cocaína",
"Pareces una persona muy optimista"). A medida que el paciente se
siente escuchado y aceptado por el terapeuta, él se vuelve capaz de escucharse
y aceptarse, aumenta la comprensión y el control sobre sí mismo y su sensación
de poder.
4. Resumir intentando destacar de lo dicho por el paciente lo que nos parece
más crucial.
5. Afirmaciones de automotivación. Favorecerlas y provocarlas mediante
preguntas evocadoras que pueden ser sobre diferentes aspectos:
- Reconocimiento del problema: ¿De qué manera esto ha sido importante para
ti?
- Expresión de preocupación: ¿Cómo te sientes con tu forma de beber?
- Intención de cambio: ¿Cuáles son las razones que tu ves para cambiar?
- Optimismo por el cambio: ¿Qué te hace pensar que podrías cambiar si lo
desearas? Una forma general de pregunta es: ¿Qué más…?
El que el paciente continúe realizando afirmaciones automotivadoras y
analizando la ambivalencia dependerá, en parte, de nuestra manera de responder
siendo importante hacerlo de forma que comuniquemos aceptación, reforcemos la
autoexpresión y estimulemos un análisis continuo.
El trabajo del profesional, en este tipo de entrevista, es facilitar la
expresión por el propio paciente de los argumentos para cambiar como forma de
resolver su ambivalencia y que avance hacia una decisión de cambio. Idealmente
se trata de conseguir que el paciente quiera convencernos de la necesidad de
que él cambie.
TÉCNICAS PARA INCREMENTAR EL
NIVEL DE CONCIENCIA RESPECTO AL CAMBIO
Para que el diálogo sea fluido y eficaz avanzando hacia la determinación del
cambio las siguientes técnicas sirven de ayuda:
- Reforzar de forma verbal y no verbal las afirmaciones de automotivación
del paciente.
- Hacer decisión balanceada, que significa indicar los aspectos positivos y
negativos de ambas conductas, antigua y nueva a adquirir, que el paciente haya
explicitado: "Dices que beber alcohol tiene cosas buenas como...y otras
malas como…y también dices que no beber tiene como positivo…y como
negativo…".
- Provocar la elaboración pidiendo ejemplos concretos y específicos,
clarificando el cómo, cuándo, etc.
- Utilizar los extremos imaginando la peor de las consecuencias posibles.
- Mirar hacia atrás y/o hacia delante. Visualizar con el paciente cómo era
antes de adquirir el hábito y/o cómo se encontrará después de abandonarlo.
- Explorar valores realmente importantes para la vida del paciente (¿qué es
importante en tu vida?).
- Utilizar la paradoja, hacer de abogado del diablo. Esta
técnica puede ser desbloqueadora de situaciones aparentemente irresolubles pero
es bastante arriesgada. Requiere adiestramiento y no puede utilizarse con cualquier
persona ya que precisa un cierto nivel de autoestima. Al ponerse el profesional
del lado de los argumentos del paciente éste puede observar "desde
fuera" lo absurdo de su situación. Tipos de intervenciones paradójicas
son: "No creo que valga la pena que lo intentes" o "Por lo que
dices, probablemente en este momento lo más acertado es que sigas bebiendo lo
mismo".
TRAMPAS A EVITAR
El conocimiento de las estrategias generales útiles para afrontar la
entrevista motivacional implica comprender qué es lo que no se debe hacer.
William
R. Miller
Hay varias trampas que interfieren rápidamente en el progreso del paciente
hacia el deseo del cambio. Son maneras de encarar la entrevista que generan
resistencias en el paciente:
- Pregunta-Respuesta. Significa formular preguntas que el paciente responde
con frases cortas y simples. Implican una interacción entre un experto activo y
un paciente pasivo y no facilita la reflexión y elaboración por parte del
paciente. Se evita con preguntas abiertas y escucha reflexiva. Como norma
general conviene evitar el formular tres preguntas abiertas seguidas.
- Confrontación-Negación. Es lo más frecuente y la trampa que más interesa
evitar. Cuanto más enfrentemos al paciente con su situación, él se volverá
más resistente y reacio al cambio con respuestas del tipo "No creo que sea
tan serio el problema porque olvide cosas cuando bebo".
- Trampa del experto. Ofrecer, con la mejor intención, respuestas y
soluciones al paciente llevan, a éste, a asumir un rol pasivo totalmente
contrario al enfoque de la EM.
- Etiquetaje. Clasificar a un paciente por un hábito con etiquetas que, a
menudo, acarrean un cierto tipo de estigma en la gente ("Eres
alcohólico"). Los problemas se pueden analizar sin necesidad de poner las
etiquetas que provocan resistencias innecesarias.
- Focalización prematura por lo que al sanitario le parece más importante
mientras el paciente desea hablar sobre otros temas que le preocupan y que son
más amplios. Es importante evitar implicarse en una lucha sobre qué tema es más
apropiado para iniciar la entrevista y el empezar con las preocupaciones del
paciente facilita la tarea. Si intentamos centrar rápidamente el tema, por
ejemplo en una adicción del paciente, éste se distanciará y se pondrá a la
defensiva.
- Culpabilización. Desaprovechar tiempo y energía en analizar de quién es la
culpa del problema pone al paciente a la defensiva. La culpa es irrelevante y
conviene afrontarla con reflexión y reformulación de las preocupaciones del
paciente.